Juan 3:16 dice:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda , mas tenga vida eterna”. ¡Bellas las palabras del maestro y que profundas! Cuando leemos y entendemos el profundo significado de este versículo podemos ver y entender que es aquí donde se nos revela el corazón y el
propósito de Dios.

Debemos comenzar a entender que el amor de Dios basta para abrazar a todas las personas, es decir, “al mundo entero”. Dios dió a su Hijo como una ofrenda de amor por el pecado sobre la cruz del calvario. La expiación viene del corazón amoroso de Dios. Este gran acto de nuestro amoroso creador no fue algo que se le obligó a hacer. El creer incluye tres elementos: un convencimiento pleno de que Cristo es el Hijo de Dios y el único

Salvador de esta humanidad perdida; una comunión con Cristo que incluye no tan solo entrega, sino obediencia a Él; y una absoluta confianza de que Cristo puede y quiere llevar al creyente a la salvación y comunión con Dios en el cielo.
La palabra “Pierda” dentro del contexto de este versículo suele ser la palabra olvidada del versículo 16 pues esta no indica la muerte física sino la terrible realidad del castigo eterno. Por otro lado la “vida eterna” es el regalo de Dios para todo aquel que nace de nuevo. “Eterna” se emplea no sólo para expresar la perpetuidad sino también la calidad de vida: una vida divina, que libera del poder del pecado y de Satanás, y que saca al ser humano de lo terrenal para que pueda conocer a Dios.

Dios sacrificó a su Hijo por nosotros y Jesús voluntariamente dió su vida por nosotros. Él dijo en Juan 5:13 lo siguiente: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”. Él nunca nos va a abandonar. La palabra de Dios dice en Deuteronomio 31:8: “Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.

Dios nos conforta como una madre conforta a su hijo. En 2 Corintios 1:4 leemos: “el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”. Cuando te sientas desanimado o desanimada y pienses que nadie te ama, pídele a Dios que te dé fuerzas y lee el Salmos 46:1 que dice: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”.

Nada ni nadie podrá separarnos del amor de Dios. “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. Romanos 8:38-39

¡Dios te bendiga!
Pastor Luis Acevedo

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