“Cuando Jesús la vio, la llamó…”
Lucas 13:12

Probablemente todos la conocían como la mujer encorvada. Ella venía a adorar en la
sinagoga regularmente. Pero era reconocida por su condición, no su identidad como
hija de Dios o incluso por su nombre.
Sus vecinos la veían con ojos de compasión. Los líderes religiosos la veían como un
ejemplo de alguien que no estaba bien con Dios y que merecía su difícil situación. Ella
venía a la sinagoga cada sábado lisiada por el dolor, encorvada por la vergüenza y
sedienta del agua viva de la sanidad de Dios. Sin embargo, nadie le prestó atención ni
la veían realmente.
Durante dieciocho años los líderes religiosos no oraron por ella en los seis días en que
tuvieron la oportunidad de ungirla con aceite y orar por la sanidad de Dios. Estaban
más centrados en mantener sus reglas religiosas que en ver la necesidad de llevar a
una hija de Israel ante el propiciatorio de Dios.
Pero Jesús la vio. Cuando la llamó, ella podría haber pensado que se refería a otra
persona. Pero Jesús estaba hablándole a ella, lentamente se arrastró hacia él, quien la
veía como una prisionera que necesitaba ser liberada de su carga.
¿Vemos gente de esta manera, agobiada y angustiada? ¿Los traemos a Jesús para
sanar? ¿De qué maneras puedes ofrecer consuelo y oración por alguien así hoy
mismo?
Salvador Jesús, queremos mantener las apariencias y evitamos las oportunidades de compasión.
Perdóname y ayúdame a mostrar misericordia a las personas necesitadas. En tu nombre, Amén.

Cada Día De Hoy
Ministerio Reforma

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