Reflexionando y meditando en lo maravilloso que es nuestro Dios y en todas las bendiciones recibidas durante este pasado año he querido escribir esta reflexión dirigida a su grandeza y majestuosidad. El apóstol Pablo en su primera carta a los corintios capítulo 6:20 nos dice: “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. Pablo le da una orden a los que constituyen la Iglesia de Corinto: “glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu”. El llamado de Pablo a los creyentes de Corinto es que le den la gloria a Dios.Y si vamos a definir la palabra “Gloria” en todo su sentido, podríamos definirla como “la expresión de la excelencia del carácter y la perfección de Dios”.

A través de la Biblia podemos ver cómo y de qué manera la gloria de Dios es manifestada. Si vamos a los Salmos 19:1, El rey David cantó de la siguiente manera: “Los Cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”. Al igual Moisés, después de hablar con Dios y descender del Monte Sinaí tenía que cubrir su rostro con un velo porque la piel de su rostro resplandecía. “Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él.   Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios”.

Moisés había estado en contacto con la gloria de Dios. También después de la dedicación del templo de Salomón podemos leer en 1 Reyes 8:10,11 que ocurrió algo extraordinario: “Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová.   Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová”.

El profeta Habacuc en el capítulo 3 y los versículos 3-4 cantó:

“Dios vendrá de Temán,Y el Santo desde el monte de Parán. Su gloria cubrió los cielos,Y la tierra se llenó de su alabanza.  Y el resplandor fue como la luz; Rayos brillantes salían de su mano, Y allí estaba escondido su poder”.

En la epístola a los Hebreos 1:3 el autor refiriéndose a Jesús señala lo siguiente: “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”.

Juan también había expresado en el prólogo de su libro algo extraordinaro sobre Jesús: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. (Juan 1:14)

Lucas 9:32 dice: “  Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él”.

Una vez más la orden de Pablo a los creyentes de Corinto es que expresen la excelencia del carácter y la perfección de Dios a través de sus cuerpos y sus espíritus. Es una orden a que encarnen a Dios entre los hombres. Esa responsabilidad recae sobre el creyente porque aquel que es salvo ha sido comprado por precio. Ese precio es el cuerpo y la sangre de Jesús molido y derramado en la cruz del calvario. Esto es algo incomprensible para el pensamiento humano.

El hombre enfrenta a Dios y ese mismo Dios se hace hombre para llevar sobre sí el castigo que esa afrenta merece. Solo la naturaleza amorosa de Dios puede hacer y entender esto. Lo único que el hombre puede hacer ante ese actuar de Dios es decirle: gracias Dios, tu amor me impulsa a amarte y a recibirte como salvador personal. ¡Que maravilla! Dios crea a cada hombre y mujer en el vientre de una mujer que se convierte en madre. Nace una criatura de Dios. Y en el calvario lo transforma a precio de sangre en un hijo de Dios. Lo restablece como propiedad de Él. Al creyente le es posible encarnar la gloria de Dios porque ese Dios amoroso le ha dado de su presencia a través del Espíritu Santo. El Espíritu Santo toma a ese nuevo hijo de Dios y lo va a ir transformando haciendo que el futuro de Él surja en esa persona. El Espíritu Santo va a hacer que el carácter de Dios comience a surgir en el creyente. El espíritu Santo va a poner en ese nuevo hijo de Dios las capacidades espirituales que necesita para poder encarnar la gloria de Dios entre los hombres. El Creyente en Cristo no va a depender de habilidades humanas para encarnar la gloria de Dios. Lo va a hacer con los dones que el Espíritu implante en él.

Pablo le da esa orden a los corintios, “glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu”, porque está consciente por experiencia propia que aunque el creyente es propiedad de Cristo y que ha recibido el Espíritu Santo hay una lucha en la vida de cada creyente. Pablo lo expresa así a la iglesia en Roma. “Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí”.

Para terminar quiero dejarte con lo que Pablo le escribe a los romanos:

“Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:22-24) Pablo antes de darle esa orden a los corintios les dijo que algunos de ellos antes de haber sido comprados por precio y tener el Espíritu Santo eran: fornicarios, idólatras, adúlteros, afeminados, se echaban con varones(homosexuales), ladrones,avaros, borrachos, maldicientes y estafadores. El Apóstol Pablo señala que los que tienen esas conductas no heredarán el reino de los cielos. Pero ustedes han sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de Nuestro Dios. Pablo lo que le está señalando a los corintios es que no permitan que la carne los esclavicen nuevamente. Son libres del pecado para que glorifiquen a Dios en vuestros cuerpos y en vuestros espíritus.

Como pensamiento final quiero decirte que la Gloria de Dios es la expression de la excelencia de su carácter y de su perfección como Dios. Los creyentes están llamados a encarnar ante el mundo la Gloria de Dios. Así se glorifica en cuerpo y en espíritu, los cuales son de Él.

¡Dios te bendiga!
Pastor Luis Acevedo

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