Sabiduría de Dios

Proverbios 14:1 dice, “la mujer sabia edifica su casa, mas la necia con sus manos la derriba”. En
un tiempo cuando muchos hogares se están derribando, necesitamos como mujeres de Dios, tener
esa sabiduría para edificar nuestra casa, nuestro hogar y así evitar ser las responsables de derribar
nuestro hogar. Este versículo pone una gran responsabilidad sobre nosotras como mujeres. Dice
que nosotras tenemos la capacidad de edificar o derribar nuestra casa. Esta es una capacidad que
Dios nos ha dado como mujer, no al hombre. Sin embargo, esto no quiere decir que el hombre
nunca es la causa de que un hogar sea derribado. Pero sí dice que una mujer, con la sabiduría que
Dios da, puede lograr resistir todos los ataques contra su hogar, y edificar su casa aun en los
casos en que el esposo está derribándola. Dios nos ha dado en esa “sabiduría” el recurso que
necesitamos para edificar nuestro hogar.

Quisiera compartir con ustedes, un poco acerca de la sabiduría Bíblica. El libro de Proverbios
habla mucho acerca de la sabiduría. La definición de “sabiduría” en el hebreo, en Proverbios se
puede traducir en: “La capacidad de construir una vida que es una obra hermosa, una obra de
arte, para que al terminar la vida, se haya producido algo excelente.” La palabra “sabiduría”
habla de destreza o habilidad. En Éxodo 35:35 habla de los hombres que tenían sabiduría para
hacer obras de arte e invenciones, “y los ha llenado de sabiduría de corazón, para que hagan
toda obra de arte y de invención, y de bordado en azul, en púrpura, en carmesí, en lino fino y en
telar, para que hagan toda labor, e inventen todo diseño.” Tenían destreza y habilidad para
hacer estas obras. Pero en el libro de Proverbios habla de destreza y habilidad para elaborar una
vida de éxito. No debemos pensar tanto en algún valor intelectual o científico, ni un alto cociente
de inteligencia, aunque puede se incluir la inteligencia necesaria para vivir con éxito y evitar
errores.

Los primeros nueve capítulos de Proverbios constituyen una exhortación de un padre a su hijo
para convencerle de la importancia de la sabiduría. Comparto con ustedes algunas de esas
recomendaciones:

La sabiduría, parece ser, es más importante que otros valores – Proverbios 3:13 a 15,
“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, Y que obtiene la inteligencia; Porque su
ganancia es mejor que la ganancia de la plata, Y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es
que las piedras preciosas; Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a
ella”;Proverbios 4:7, “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones
adquiere inteligencia”; Proverbios 8:10 y 11, “Recibid mi enseñanza, y no plata; Y ciencia antes

que el oro escogido. Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; Y todo cuanto se
puede desear, no es de compararse con ella”.

La sabiduría nos guarda de errores y derrotas en la vida: Proverbios 2:10-12, “Cuando la
sabiduría entrare en tu corazón, Y la ciencia fuere grata a tu alma, La discreción te guardará;
Te preservará la inteligencia, Para librarte del mal camino, De los hombres que hablan
perversidades”

La sabiduría produce bienestar en la vida. Proverbios 1:33, “Mas el que me oyere, habitará
confiadamente, Y vivirá tranquilo, sin temor del mal”. Proverbios 3:13-16, “Bienaventurado el
hombre que halla la sabiduría, Y que obtiene la inteligencia; Porque su ganancia es mejor que
la ganancia de la plata, Y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras
preciosas; Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. Largura de días está en su
mano derecha; En su izquierda, riquezas y honra”.

Hay que buscar la sabiduría con empeño 2:1-4, “Hijo mío, si recibieres mis palabras, Y mis
mandamientos guardares dentro de ti, Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría;
Si inclinares tu corazón a la prudencia”. También puedes leer Proverbios 8 completo y
descubrir los muchos beneficios y usos de la sabiduría de Dios.

Hay consecuencias tristes por descuidar la sabiduría 1:24-31, “Por cuanto llamé, y no quisisteis
oír, Extendí mi mano, y no hubo quien atendiese, Sino que desechasteis todo consejo mío Y mi
reprensión no quisisteis, También yo me reiré en vuestra calamidad, Y me burlaré cuando os
viniere lo que teméis; Cuando viniere como una destrucción lo que teméis, Y vuestra calamidad
llegare como un torbellino;

Cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia. Entonces me llamarán, y no responderé;
Me buscarán de mañana, y no me hallarán. Por cuanto aborrecieron la sabiduría, Y no
escogieron el temor de Jehová, Ni quisieron mi consejo, Y menospreciaron toda reprensión mía,
Comerán del fruto de su camino, Y serán hastiados de sus propios consejos”.

La sabiduría terrenal

Según la Biblia, existe una pugna entre la sabiduría de Dios y la sabiduría del mundo. Lo que el
hombre considera gran sabiduría, es locura para Dios. 1 Corintios 1:18 a 31, “Porque la palabra

de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder
de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de
los entendidos.   ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de
este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de
Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes
por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría;
pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para
los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y
sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios
es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos
sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo
escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar
a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo
que es,   a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el
cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que,
como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor”.

No estamos hablando aquí de verdades científicas descubiertas por el hombre. Dios tenía estas
verdades escondidas durante los siglos, y a su debido tiempo permitió que el hombre las
descubriera para el bien de la humanidad. Estamos hablando de filosofías y del orgullo del
hombre en sus propios conocimientos.

La sabiduría de Dios no la puede comprender el hombreo la mujer inconverso. Requiere de un
cambio de corazón. 1 Corintios 2:6 al 10, “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han
alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.
Más hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes
de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque
si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien, como está
escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que
Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu;
porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”.

Al recibir el Espíritu de Dios, recibimos la capacidad de comprender la sabiduría de Dios. Como
mujer de Dios, nos compete a nosotras procurar recibir esta sabiduría que proviene de Dios para
poder edificar nuestros hogares, elevando a nuestra familia al trono de Dios. No es que yo le
sirva a Dios, sino que toda mi familia esté bajo el manto de la justicia divina y también sean
salvos.

Pero aún cuando ya tenemos el Espíritu de Dios, podemos en ocasiones confiar en nuestra propia
sabiduría, esa sabiduría terrenal. Proverbios 3:5, “Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia”, y el verso 7 dice, “No seas sabio en tu propia opinión;
Teme a Jehová, y apártate del mal”. Santiago 3:13 al 18, “¿Quién es sabio y entendido entre
vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos
amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta
sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.   Porque donde hay
celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo
alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos
frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que
hacen la paz”.

Santiago 3:17 describe la sabiduría de lo alto. La primera característica de ella es que es “pura”.
Esto habla de la santidad. La limpieza del pecado es la primera característica de la sabiduría de
Dios. Una mujer que desea tener esa sabiduría para edificar su casa, tiene que estar en una
comunión con Dios, viviendo en limpieza del pecado.

Lee Proverbios 1:7 y 9:10. ¿Dónde empieza la sabiduría? Con el temor de Dios. Nuestra vida
espiritual es la base de esta sabiduría. Como mujer, esposa, madre, abuela, tía, hermana o hija, es
necesario que examinemos primeramente nuestra relación con Dios. Dependiendo de lo íntima
que sea, así será el efecto causado en nuestra familia. Debemos atender esos detallitos que
parecen no ser importantes, pero que pueden indicarle a alguien que anda confundido, cuál es el
camino a seguir, para lograr el éxito espiritual.

Este temor de Jehová incluye una vida de separación del pecado. Por lo tanto, si deseamos tener
sabiduría, la tenemos que buscar con Dios. Santiago 1:5-7 nos da una hermosa promesa que Dios
está dispuesto a darnos la sabiduría que nos falta, si la pedimos con fe, “Y si alguno de vosotros
tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le
será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del
mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal
haga, que recibirá cosa alguna del Señor”.

Entonces recordemos que para tener la sabiduría de lo alto, necesitamos tener una relación
personal con Dios, una separación del pecado, una estrecha comunión con Dios, y recurrir a Él
para la sabiduría que nos hace falta, en lugar de confiar en nuestra propia sabiduría.
Dios siempre está dispuesto a escucharnos y a dirigirnos, siempre y cuando se lo permitamos.
Nuestro hogar debe ser establecido sobre la roca que es Cristo, y de ahí, crecer juntos como
familia en la sabiduría que Dios ofrece. Como mujer moderna, tenemos muchos compromisos en
nuestras agendas, pero nuestro hogar, nuestro compañero, nuestros hijos debe ser lo primordial.

Como madre y esposa creyente, debemos siempre trabajar para que nuestra familia también
tenga sus nombres escritos en el libro de la vida. Parte de la responsabilidad de ser buenas
esposas y madre e hijas del Altísimo, es dar testimonio y llevar la verdad de Cristo, si nuestro
hogar esta en tinieblas, no podemos influenciar a otros a venir a los pies de Cristo si nuestro
propio hogar está perdido. Presentémonos delante del trono de Dios y dedícale a Dios a cada
miembro de nuestra familia. Trabajemos para estar unidos en la fe y recibir esa sabiduría ofrece
gratuitamente, para poder confrontar cada situación, problema o prueba. En las manos de Dios
podremos tener éxito total y completo y llevar una vida de completa satisfacción espiritual.
Dios te bendiga amiga en forma muy especial en este mes de la mujer.

Pastora Divian Santiago

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