En el capítulo 45:1 de Génesis encontramos que José
luego de haber sido vendido por sus hermanos ya no
podía contenerse delante de todos lo que estaban al
lado suyo y clamó diciendo que hicieran salir de su
presencia a todos, y al quedarse sólo con sus
hermanos se dió a conocer ante ellos. Más adelante
en el versículo 5 leemos lo siguiente: “Ahora, pues,
no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido
acá; porque para preservación de vida me envió
Dios delante de vosotros”. José da a conocer que
muchas veces Dios usa las malvadas acciones de los
humanos a fin de cumplir su voluntad. Dios obró por
medio de José para preservar al pueblo del pacto a
través del cual vendría Cristo. Aún cuando el Cristo
vendría a través de los descendientes de Judá y no de
los de José, Dios usó a José para mantener vivo el
linaje de Cristo. Por lo tanto, José fue un predecessor espiritual de Cristo, algo mucho más importante que un antepasado físico.

Después que Dios creó los cielos y la tierra, Él no
abandonó al mundo para que anduviera por su
cuenta, más bien, sigue participando en la vida de su
pueblo y en el cuidado de su creación. Dios no es
como un relojero que formó el mundo, le dió cuerda
y ahora deja que lentamente se le acabe la cuerda;
más bien, Él es el Padre amoroso que cuida lo que ha
hecho. A ese continuo cuidado de Dios por su
creación y su pueblo se le llama, en términos
doctrinales, Su providencia.

La providencia de Dios está relacionada con el vivir
de cada día en un mundo malvado y caído. Todo el
mundo experimenta sufrimiento algunas veces en su
vida, e inevitablemente nos preguntamos el
¿porqué?; Estas experiencias suscitan las inquietudes
sobre el problema del mal y su lugar en el plan de
Dios para nosotros. Dios ha permitido que los seres
humanos sufran las consecuencias del pecado que
entró en el mundo mediante la caída de Adán y Eva.

No solamente se sufre a consecuencia de los pecados
de otros, sino que también se sufren las
consecuencias de nuestros propios actos
pecaminosos. El pecado de inmoralidad y adulterio a
menudo da por resultado el fracaso del matrimonio y
de la familia. También hay sufrimiento en el mundo
porque a Satanás, el dios de este mundo, se le
permite hacer su obra al segar la mente de los
incrédulos y dominar su vida. Al decir que Dios
permite el sufrimiento no significa que Dios causa el
mal que ocurre en este mundo, ni que decrete todas
las tragedias de la vida. Dios no es el instigador del
mal o de la impiedad. Claro que Él lo permite, lo
dirige y lo vence a fin de cumplir su voluntad, para
llevar a cabo su propósito redentor y hacer que todas
las cosas contribuyan al bien de los que son fieles a
Él.

¡Dios te bendiga!
Pastor Luis Acevedo

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