“Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre…. Danos cada día el pan que necesitamos.”
Lucas 11:2-3

En la cultura de ese día, el pan era el alimento básico en cualquier mesa. En el Antiguo Testamento, los israelitas decían que no tenían nada para comer hasta que Dios derramó “pan del cielo” (Éxodo 16). Maná, fue un alimento que Dios les proveyó en el desierto. Debían reunir sólo todo lo que necesitaban para cada día. Y en el sexto día juntaban el doble para que no tuvieran que trabajar en el día de reposo. El pan milagroso de Dios fue un recordatorio de que incluso una provisión básica como la comida vino de su mano, no a causa de su arduo trabajo o ingenio. Y en el Nuevo Testamento, Jesús desafió a las personas a confiar en Dios por su pan de cada día para la vida, la salud y la supervivencia.

Jesús conectó el pan y la oración como dos caras de la misma moneda. Dependemos de Dios para nuestra comida todos los días, y esto nos recuerda orar por nuestras provisiones diarias. También nos recuerda que necesitamos diariamente la protección de Dios y el perdón del pecado, así como necesitamos alimentos y otros suministros. De esta manera, Jesús nos enseña a orar todos los días, reconociendo que debemos confiar en el Señor y que él nos proporcionará lo que se necesita para cada día, para satisfacer nuestras necesidades tanto físicas como espirituales. Querido Jesús, mantén nuestras manos y corazones abiertos para recibir tus provisiones diarias sin temor o angustia. Tú conoces nuestras necesidades, y confiamos en ti. Amén.

Cada Día De Hoy
Ministerio Reforma

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